domingo, 3 de julio de 2011

El Hayy de Ibn Tufayl y el Principito de St. Exupéry

Debemos precavernos de incurrir en el grave error señalado por Saint-Exupéry: no creer a la gente a causa de su ropa. Esto puede ocurrir a unos con Ibn Tufaíl, a otros con el propio Saint-Exupéry. Antes que el intrépido aviador francés y el cortesano mallorquín tornado en místico, el árabe español había escrito una utopía de incalculable valor. Muy similar al invisible interlocutor de Lulio y a Hayy es el principito: su buen sentido no es la lógica común, sino esa instintiva tendencia del niño y del hombre no corrompido —y por tanto, siempre niño— a querer saberlo todo, pero a aceptar y cultivar sólo aquello que encierre algo de maravilloso. Esa tendencia que se denominó, a falta de un término más preciso, con el muy claro de "luz natural".

-Lourdes Rensolí-

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